Ola de calor.

Estarán conmigo en que estos últimos días están siendo sofocantes. Toda España está notando una subida drástica de las temperaturas tanto diurnas como nocturnas.

En Moncloa la temperatura está subiendo tambien y el Gobierno, encabezado, como no, por su omnipresente Presidente ya no sabe cómo hacer para que los aparatos de aire climatizado vuelvan a reestablecer la temperatura ideal; o sea, cero grados (0º), ni frio, ni calor.

Ayer, tras pasar otra noche sofocante nos levantamos con la lamentable noticia de que nuestros ojos volvían a echar lágrimas de pena e ira. Otros dos españoles D. José María Galera Córdoba y D. Abraham Leoncio Bravo, como tantos otros que juraron entre otras cosas derramar por España, si fuese preciso, hasta la última gota de su sangre, habían pagado, en Afganistan, el precio más alto que un servidor de su país puede y debe pagar. A sus familiares, compañeros y amigos, a la Guardia Civil y al país, mi más sentido pésame.

No me gustaría. No me gusta politizar temas tan delicados como este cuando aún, de cuerpo presente, nuestros compatriotas están volando hacia España. Estoy seguro de que la misión encomendada era noble y loable. De eso no tengo la menor duda. Lo verdaderamente lamentable es que aún se siga pensando que estaban en misión de paz. Hoy la guerra no es como antaño, el terrorismo es guerra y como tal hay que combatir y combatirlo. Nunca aceptaré, y lo digo de corazón, que se maquille ese tipo de realidades. Nuestros militares, guardias y policias van a la guerra, están en guerra y aún no he visto a muchos que gritaban ¡no a la guerra!, una vez que tienen la panza llena, reprobar este tipo de acciones.

Mientras tanto, el Gobierno se viste de luto casi riguroso, se hace la foto, calla y en un acto de décadas muy pasadas se limita entregar “notas de prensa” sin permitir preguntas llegando casi vulnerar los derechos constitucionales de la prensa y que solo consigue afianzar aún más si cabe que el absolutismo democrático del señor Presidente del Gobierno puede llegar a extremos verdaderamente insospechados.

En otro orden de cosas y subiendo la temperatura, si eso es posible, el Ministro del Interior, Sr. Rubalcaba, jefe máximo de la Policía Nacioal (entre otros), se sacude el polvo de su chaqueta, quedando como un señor, al justificar su ausencia en Melilla con una gran frase “Los agentes saben que tienen mi apoyo“. Indiscutiblemente ministro, y el mío tambien, pero el que tiene que ir y demostrarlo públicamente, entre otros, es usted. Después, si queire, visite Rabat junto al señor Moratinos, hagase las fotos que quiera, arregle el problema que para eso le pagamos y cuando vuelva, por cierto, no olvide explicarle a los españoles por qué se inyecta a Marruecos, con dinero de todos nosotros, la nada despreciable cantidad de 700 millones de euros para infraestructura, mientras que en nuestro país el señor Blanco no hace más que recortar y evitar las inversiones en infraestructuras, sabiendo (si es que lo sabe) que esas inversiones generan, entre otras cosas, empleo.

Septiembre está ahí, a la vuelta de la esquina. Los exámenes comienzan el día 1 y el gobierno, con muchas asignaturas suspensas y sin haber tocado libro en todo el verano, va a volver a suspender. Aunque no seamos tontos, con la actual Ley de Educación, le dá igual aprobar que suspender, sabe que de todas formas va a pasar de curso.

Uf, qué calor.

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Silencio.

   
Permitanme que hoy no sean mis palabras las que ocupen este espacio, aunque sí mis sentimientos. Por ello he decidido titular esta entrada “Silencio”.

El texto que a continuación edito, lo he recibido por corro electrónico; ya saben, ese correo que te dice que lo pases a tus amistades para que sea divulgado.

Ciertamente no sé si la carta en cuestión es real o no. Pero la verdad es que me da igual, lo importante es lo que expresa, por eso desde este humilde espacio me hago eco de su mensaje.  

– DE MADRE A MADRE:

Vi tu enérgica protesta delante de las camaras de TV en la manisfestación de ayer en favor de la reagrupación de presos de ETA y su transferencia a carceles del pais vasco.
  
Vi como te quejabas de la distancia que te separa de tu hijo y de lo que supone economicamente para ti ir a visitarlo como consecuencia de esa distancia.

 
 
Vi tambien toda la cobertura mediática que dedicaron a dicha manifestación, así como el soporte que tuvistes de otras madres en la misma situación y de otras personas que querian ser solidarias contigo y que contais con el apoyo de comisiones pastorales, organos y entidades en defensa de los derechos humanos, ONGs etc. etc. 

 

Yo tambien soy madre y puedo comprender tu protesta e indignación. 
 
Enorme es la distancia que me separa de mi hijo. Trabajando y ganando poco, idénticas son las dificultades y las despesas que tengo para visitarlo. Con mucho sacrificio solo puedo visitarlo los domingos porque trabajo incluso los sábados para el sustento y educación del resto de la familia.

 

Felizmente  tambien cuento con el apoyo de amigos, familia etc. 

Si aún no lo sabes yo soy la madre  de aquel joven que murió cuando se dirigía al instituto y que al pasar cerca de un coche aparcado, este hizo explosión a causa de la bomba lapa que tu hijo puso en los bajos de ese coche. En la próxima visita cuando tu estes besando y acariciando a tu hijo yo estaré visitando al mio y depositandole unas flores en su tumba.

 
 
Ah! se me olvidava: ganando poco y sosteniendo la economía de mi casa, a través de los impuestos que pago, tu hijo seguirá durmiendo en un cómodo colchón y comiendo comida caliente todos los dias.

 
Otra cosa querida: ni en el cementerio ni en mi casa nunca vino ningum representante de esas entidades que tan solidarias son contigo para darme apoyo ni dedicarme unas palabras de aliento y ni siquiera para decirme cuales son MIS DERECHOS. 


La foto con la que finaliza esta entrada con corresponde con la situación de la carta, pero considero que aunque muy cruda, es real y significativa.

Gracias.