Mujer.

Antes de nacer ya vivía en tu interior, mujer. Durante nueve meses viví solapado a tí. Me ofreciste el alimento, el resguardo, el calor, el amor, la vida. Tu vida.

Tu sufrimiento y dolor  fueron un trance para mi vida. Me arropaste, me vestiste, me educaste. Comí de tí y olí tu cuerpo. Sentí tus besos y tus caricias mucho antes de tener verdadero conocimiento de ello. Me enseñastes las cosas bonitas de la vida. Siempre supiste aconsejarme y guiarme.

Fuiste mi madre, mi amiga, mi compañera, mi amante, mi esposa. Tu has sido, mujer, la que siempre me has dado tu hombro para llorar. Tus palabras han sido siempre sabias. Tus consejos me han abierto muchas puertas.

Por tí soy el hombre que soy. A ti te lo debo todo.

Tu generosidad ha sido tal que incluso dándome la vida me has dado las vidas que más quiero, mis hijos.

Cómo podré agradecerte todo lo que me has dado sin esperar nada a cambio.

Cómo podré agradecerte que esté siempre en tus pensamientos.

Cómo puedo celebrar tu día si tus días son todos.

Felicidades hoy, mujer. Y mañana, y pasado, y el otro, y el otro, y el otro…… y así hasta el último día de mi vida.

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Silencio.

Hoy, 25 de noviembre se conmemora el Día Internacional de Eliminación de la Violencia Contra la Mujer.

Este día, aprobado en el año 1999 por la Asamblea General de Naciones Unidas, lo fue en honor al cruel asesinato de las hermanas Minerva, Teresa y Patria Maribal, bajo la dictadura de Leónidas Trujillo, en la República Dominicana.

De hecho, hoy tambien se conmemora el 50 aniversario de estos inhumanos y vergonzosos asesinatos.

Permitanme que hoy la entrada sea muy breve. Casi prefiero no decir o escribir nada; todo está ya dicho y escrito…… o eso creo.

Por ello, perfiero invitaros a que seais vosotros, queridos amigos, los que continueis con esta entrada hasta donde querais. Os animo, especialmente en este día a abrir vuestras mentes y vuestros corazones y volcar en unas palabras lo peimero que os venga a la mente.

Permitirme en este día, un silencio.