Por favor

Viernes, 24 de septiembre. Fiesta local en mi ciudad con motivo del bientenario de 1810. Día de la Merced; por cierto, felicidades Mercedes.

Recordaré siempre una famosa poesía del ilustre Calderón de la Barca en la que entre sus versos dice:

….Aquí, en fin, la cortesía, el buen trato, la verdad, la fineza, la lealtad, el honor, la bizarría; el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia, fama, honor y vida son…

En un mundo globalizado. En pleno siglo XXI. En una sociedad culta, o eso supongo, y educada, quiero pensarlo; en la que los valores del respeto y la tolerancia entre otros afloran a nuestras bocas como fáciles eruptos y donde ésta se nos llena de palabras bonitas cuyo significado presumen que somos consecuentes con ellas; resulta que todo es mentira.

Vivimos en una sociedad muy competitiva, quizás demasiado, no sé. Desde muy jóvenes nuestros mayores nos educaron a su mejor entender y proceder, invitándonos a ser algo o alguien en la vida. De hecho, los que ya tenemos cierta edad o descendencia, procuramos incultar a nuestros hijos ese mismo criterio. ¡Hazate alguien en la vida!

La cuestión no es en sí el hecho de ser alguien en la vida, sino el cómo conseguirlo.

En general y pidiendo disculpas de antemano por si algún lector se siente ofendido, vivimos en una sociedad donde casi todo vale. Las ratas de alcantarilla estarán siempre al acecho para roer nuestros más pequeños defectos e incluso usarán como carroña nuestras mejores virtudes. Es más, serán, dentro de su “habilidad”, capaces incluso de tildarnos de algo que en realidad no somos. Llegarán, si cabe, a poner en nuestras bocas palabras que nunca hemos dicho.

La lucha por el poder, el puesto, el carguito, la amistad o incluso la aceptación social nos hace ser tan deprorablemente agresivos que incluso atentamos contra el honor y la fama de terceros, sin reparar en gastos. Lamentablemente vemos más la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.

El exámen de conciencia es algo obsoleto; ya no se lleva ni en la más absoluta privacidad. Dormimos a pierna suelta aun a sabiendas que somos unos inútiles y que hemos conseguido algo insignificante a costa de pagar un precio demasiado caro, el honor y la fama de otro. Pero eso no nos importa. 

Por suerte, para salvar la fama y la honorabilidad, aún quedan personas dispuestas a dar la cara por otros. No olvidemos que el agraviado es, casi siempre, el último en enterarse….. como el cabrón. Son otros, ciertamente pocos pero buenos, los que salen en defensa del ofendido aún a riesgo de caer en el desprestigio.

No debemos nunca confundir el afán noble de superación con la envidia o los celos.

No obstante, se debe agradecer al charlatán que, al menos, haga que se hable de uno. Para bien o para mal pero que hablen de uno; señal de que estamos vivos.

Se agradece al charlatán que use la ignorancia como su mayor tesoro, eso dice mucho de él. La ignominia del charlatán no merece más palabras en esta bitácora.

Lo que sí es cierto es que la vida, más pronto que tarde, nos pone a cada uno en el sitio que honradamente nos merecemos y ahí, ya, no valen lágrimas.

 

 

 

 

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2 comentarios en “Por favor

  1. Podría extenderme en este tema. Porque la verdad es que es para escribir páginas y páginas. Pero simplemente me quedaré en un comentario muy escueto: LO HAS CLAVADO.

    Un abrazo

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