Un sí condicional?

En junio del año 98 visité, por motivos de trabajo, dos ciudades de Rumanía y Bulgaria. Hacía nueve años que los dictadores Ceausescu y Zhivkov ya no estaban en el poder. Eran paises que aún estaban saliendo de la pesadilla de unos regímenes dictatoriales.

Una noche, en una recepción en Varna (Bulgaria), tuve el placer de conocer a un alto cargo militar y a su señora (maestra). En la conversación, distendida dentro de los márgenes de este tipo de actos, llegaron a comentarme que con sus ínfimos salarios apenas si llegaban a fin de mes, máxime cuando no tenían que pagar casa ya que esta era “cedida” por el Estado. Obviamente ni se me pasó por la cabeza preguntarles cuánto cobraban, pero claro debía ser muy poco.

En Rumanía me inpactó mucho ver que no había personas obesas, fue un detalle que me llamó mucho la atención, -coño ¿aquí no hay gordos?-. Mis sospechas de porqué no habia gordos quedó aclarada cuando al comprar un paquete de galletas, que por cierto estaban pasadas, un grupo de niños de entre 5 y 7 años se viniero hacia mí para pedírmelas. Cuando me dí cuenta les había dado el paquete y el cambio de la compra (unas pocas monedas), que seguramente para ellos podría ser el sueldo del mes de sus padres. Se me rompió el corazón cuando los comparé con mi hijo pequeño.

Entiendo que muchas, muchísimas familias, por pobreza, por falta de futuro, por discriminación racial, por persecución polícita, etc., abandonaran estos países e intentaran buscar un futuro mejor en el resto de paises europeos.   Los españoles sabemos de eso.

Supongo que la mayoría se afincaron en otros países de forma ilegal y más tarde podrían regularizar su situación. En Alemania existe una gran colonia de Rumanos y Búlgaros que, hoy en día están totalmente integrados en ese nuevo país, incluso sus hijos, ya alemanes, no han tenido problemas para su integración.

Sin embargo, aún hay un gran número de inmigrantes ilegales o no regularizados, como prefieran llamar, que han preferido afincarse en otros países con el único fin de delinquir. Aquí entra en juego el amigo Sarkozy.

Tildado por algunos como el nuevo nazi al que solo le faltan los hornos crematorios del antisemitismo hitleriano, otros opinan que está en el buen camino para defender los intereses de sus conciudadanos. Yo que tengo mi propia opinión solamente les diré:

“Se me colarón dos ocupas en mi casa, Pepe y Juan. Pepe, vino a verme al salón y me dijo que quería encontrar trabajo y pagarme un pequeño alquiler por vivir en el sofá de la salita. Aunque no me gustaba mucho la idea, comprendí que si no tenía otro sitio donde vivir, bueno, pues que lo intentara e incluso yo podría ayudarle. Juan tambien se metió a vivir en la salita, pero a este casi nunca lo veía. De vez en cuando me lo encontraba por los pasillo e intentaba robarme. Entraba en la cocina y me vaciaba la despensa. Se sentaba en mi sofá y no me dejaba ver la televisión. Intenté hablar con él,  a ver si por las buenas podía hacerlo entrar en razón, pero fue inutil. Nos tenía amedrentados.

Un día, cansado de tanto abuso lo cogí de la solapa y lo eché de casa. Cambié la cerradura y ya no lo he vuelto a ver. Seguramente estará en casa de otro vecino”.

Creo que es tiempo de meditar, de no hacer un mundo de las cosas simples, de no buscar titulares donde no los hay, de hacer exámen de conciencia y de ser honestos con nosotros mismos. No es necesario quedar bien cuando nuestras convicciones apuntan en direcciones distintas a lo “socialmente bien establecido”.

Vivo en un barrio obrero (todo lo obrero que se puede ser hoy en día, claro), muchos de mis convecinos son gitanos; y qué. Nunca he visto racismo ni malas maneras, sino todo lo contrario. Los gitanos que conozco son lo que se suele decir buena gente (aunque claro, habrá de todo como en botica). Mis hijos han estudiado con compañeros gitanos con los que aún mantienen contactos.

Puede que esté equivocado, pero creo que no se debería mezclar un problema racial con un problema de seguridad. ¿O no es eso lo que se está haciendo?.

 

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Un comentario en “Un sí condicional?

  1. Antonio, la historia de todo esto es que muchísimas personas confunden racismo con seguridad. Incluso muchos intentan sacar rédito político de la actuación de Sarkozy, el cual creo ha actuado de la manera más correcta. Una cosa es emigrar a un país, integrarse en dicha sociedad, buscar trabajo, o sea: ser una personal medio normal. Y otra muy distinta es emigrar a un país para delinquir, amedrentar a sus ciudadanos y lo que es peor de todo exigir unos derechos, cuando ellos no cumplen con las reglas básicas de la convivencia.
    Me atrevo a decir, aunque algunos me tachen de xenófobo, que en España se debería actuar de la misma manera. Todo aquel que delinque, mandarlo nuevamente a sus países de origen.

    Un abrazo

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