Prohibir

Ultimamente vengo observando extrañas situaciones que me hacen pensar. Si fuera un gran pensador, orador, estadista o comunicador, posiblemente encontraría el orden y las palabras correctas para expresarme, pero lamentablemente soy un ciudadano más, de media cultura y con demasiadas ideas para saber ordenarlas consecuentemente.

No sé muy bien que dirían Platón, Aristóteles, Marx o Churchill sobre la situación a la que me referiré a continuación. Yo lo único que tengo claro es que no me gusta. No me gusta ni un pelo.

España está viviendo una situación en la que, parece ser, el Estado, dentro de su magnificiencia, se está ocupando de actuar como el buen padre de familia que los españoles de a pié deberíamos ser. Este hecho me preocupa bastante pues en una democracia consolidada, a mi entender, cuando el estado “tiene a bien” bajarse un escalón y actuar como nuestro padre, mucho me temo que podemos llegar a un absolutismo tal que se parezca demasiado a una ilogica dictadura democrática.

Más aún, las preocupaciones del Estado van siempre, a mi entender, encaminadas al bien común, al bien social, dejando, la mayoría de las veces, el trabajo a medias y con limitaciones de ciertas libertades básicas. Incluso diría que sus actuaciones van más encaminadas a un fin meramente político que social, electoralista que comunitario.

Hace unos meses ví por televisión a la Vicepresidenta del Gobierno diciendo que la política del Gobierno no era prohibir. He buscado ese video en internet pero lamentablemente no lo he encontrado, así que tendrán que fiarse de mi palabra.

La prohibición de fumar en lugares públicos trajo consigo un pequeño revuelo que, incluso, los fumadores acatamos en su día porque era comprensible. Mi humo no debe nunca afectar a los demás. Los empresarios del sector invirtieron mucho dinero en reformar sus locales. Esa inversión, ese gasto ha caido en saco roto porque ahora la prohibición se endurece.

Todos recordarán tambien la prohibición del vino, creándose en su momento una pequeña crisis en el sector vinicultor y bodeguero.

Por el bien de nuestra salud, ya no se podrán vender más productos que hagan obesos a nuestros pequeños.

La temperatura de locales públicos queda limitada a 21º en invierno y 26º en verano; así ahorramos energía y no nos resfriamos.

Para respetar todas las confesiones, se prohibe el crucifijo en las escuelas y para educar bien a mis hijos se me prohibe (perdido en tribunales) la objeción de conciencia con según qué asignatura.

En el tema del aborto se prohibe a los padres ejercer su autoridad como tal aunque su hija sea menor de edad.

Tambien se prohibe a las televisiones que en determinadas franjas horarias se muestres imágenes y contenidos que no sean educativos para los menores de edad.

La última, y en defensa del animal, se prohiben las corridas de toros en la Comunidad Catalana. 

Antes de que algunos lectores empiecen a acribillarme permitanme decirles que estoy de acuerdo con algunas de las prohibiciones, no con todas obviamente. El problema es la prohibición en sí y el posterior resultado.

Les recuerdo que, entre otras cosas, pese a las prohibiciones nuestros menores empiezan a fumar a los 13 años; claro lo hacen en la calle, asi que….

Como no pueden acceder al alcohol, y mucho menos beberlo en locales públicos, a los 14 años empiezan con el botellón y a los 16 ya están alcoholizados.

La educación sexual y preventiva es “tan buena” que a los 16 años las niñas son mayores para abortar y para conseguir la píldora del día después…. eso no está prohibido.

Algunos símbolos religiosos ajenos al catolicismo que, cuando menos, denigran a la mujer a la mínima expresión; eso tampoco está prohibido.

Si enciendo la televisión en horario infantil puedo ver como chicos y chicas buscan pareja con expresiones, imagenes y gestos que seguro que un menor puede ver ¿no?.

Insisto, no me asusto de nada, pero me asusta que el Estado sea padre.

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2 comentarios en “Prohibir

  1. Pues sí, este Gobierno tiene cierta tendencia a prohibir y a tutelar. Recuerdo que en una ocasión, en una tertulia de radio en Onda Jerez (durante una breve etapa un periodista de larga y reconocida trayectoria, Alfonso González, pudo hacer un programa que no duró demasiado en la también tutelada emisora municipal) lamentaba el eslogan de la Dirección General de Tráfico, ese de “No podemos conducir por ti”, porque me sonaba a algo así como “No podemos conducir por ti… idiota”.

    Imagino que debe ser más fácil gobernar a golpe de decreto y ley sin consenso que abordar los problemas de Estado desde el diálogo y haciendo prevalecer el interés general.

    En cualquier caso, felicidades, Antonio, por tus reflexiones. Un placer leerte.

    • Muchísimas gracias Dani por tu comentario y bienvenido a esta bitácora. Espero, a partir de ahora, tenerte más por aqui.

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