Ya lo sabiamos…¿no?

Esta mañana, mientras me tomaba el café en el bar del barrio y ojeaba la prensa vi el encabezado de un pequeño artículo que más o menos venia a decir esto “”el 60% de los menores que acosan en el colegio, acaban cometiendo un delito“”.

A primera vista, no debería sorprenderme, puesto que en la sociedad en la que vivimos, llena de malas noticias a todas horas del día, esta sería, si cabe, una más.

Sin embargo, a lo largo de la mañana no podía quitarme de la mente aquello que había leido horas antes. No he parado de pensar en un por qué. Nadie está libre de tener un hijo que aspira a futuro delincuente. Es más, algunos de nosotros conocemos, posiblemente, más de un caso. Pero, insisto, ¿por qué?. Por qué ese porcentaje tan alto; estamos hablando de que seis de cada diez  cometerán delito. ¿No es esto muy fuerte? (permitidme la expresión).

¿es este su futuro?

¿es este su futuro?

No pienso “echar balones fuera”. Creo que los padres tenemos, si no gran parte de culpa, sí al menos, el comienzo de la misma; me explicaré con un ejemplo muy tonto pero que puede ser significativo; o al menos eso creo.

Tengo un hijo que no me estudia nada (ya sabemos que está en esa edad tan difícil); en su colegio o instituto le han hecho varios partes por su mal comportamiento (a mi niño es que le tienen manía ¿verdad hijo?); no pienso ir a ver a su tutor porque yo sé que mi hijo es bueno… aunque un poco flojo (total, para que me diga lo de siempre); me lo han expulsado dos días del centro (¡ya se lo he dicho! si no quieres estudiar… a trabajar); por las tardes, sin tocar un libro, sale todos los días a la calle y llega cuando le da la gana (¡hombre!, quién no ha sido joven); hay días que ni sale, se pone con su internet…. (no sé lo que le ha visto a ese ordenador); en el primer trimestre le han quedado seis cates….. y por Reyes, le hemos puesto la Play Station y le hemos comprado una moto.

Los padres, quizás por el simple hecho de serlos, cometemos, bajo mi punto de vista, el gran error de perdonar casi lo imperdonable (entiendaseme la expresión) sobre todo exculpándonos de nuestra propia culpa en base a que “si lo hacen sus amigos”, “hoy en día estos niños son todos iguales”… y demás excusas.

Por otro lado, la sociedad, casi que ve con buenos ojos que nuestros jovenes “tengan libertad”. Una libertad mal entendida, basada en la falta de modos, de educación, de formas, de maneras, de respeto, de saber estar, etc.

Los educadores y profesores han pasado de usar la regla o el palo para pegar, a estar completamente indefensos ante unos individuos totalmente protegidos de sus impunidades.  

Y ahora, nos llevamos las manos a la cabeza porque el porcentaje de jovenes con un camino erróneo es muy alto.

Ya lo sabiamos… ¿no?.

Antonio Martínez.

 

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